Sobre wikileaks se ha escrito mucho, y como periodista que soy, muchos amigos no periodistas me han preguntado mi opinión: ¿lo hubieras publicado? Mi respuesta es: “¡claro que sí!”, por diversas razones. Por una parte, ya era hora que el gran público se enterara de cómo funcionan las diplomacias, y en especial la diplomacia americana, por cierto no mejor que las otras. La diplomacia es un servicio de los estados muy caro y conviene que exista un control, y que los ciudadanos se enteren de cómo se gasta este dinero, repartido entre la intriga política, la información confidencial –no pocas veces subjetiva y un poco amañada, según el embajador de turno—y donde hay mucho chismorreo morbosillo, sobre los personajes que están en el candelero de la política actual. Lo malo es que hay opiniones que se toman en serio. Por otro lado, ¿quién ha filtrado estos documentos? ¿Un soldadito de 23 años? ¡No haga usted reír señora Clinton! ¿Cómo es posible que un soldadito (diría que muchos sold...
Reflexiones sobre la actualidad (Artículos del autor publicados en la prensa)