En el lenguaje político español –y en el catalán también—no se habla más que de líneas rojas. Todo el mundo traza líneas rojas: líneas rojas sobre estos temas o sobre estos otros; línea rojas por aquí y por allá. Líneas rojas de Podemos, del PSOE, de Compromís de Mónica Oltra, de Ciudadanos, del PP, etc. Parecía que el 20-D había creado una especie de felicidad política, al decretar el fin del bipartidismo. Muchos creían que habría llegado --¡finalmente!—la política del pacto. Pues no, en lugar del pacto hay líneas rojas, en lugar de puentes, zanjas. Claro que cuando un partido se presenta con el lema “echar a Rajoy de la Moncloa”, ya se autolimita y traza la primera línea roja, como el caso del PSOE. Pero lo grave es que con el resultado electoral, con la voluntad soberana de los españoles, no es posible ninguna reforma constitucional – como quieren PSOE y Podemos—sin contar con el Partido Popular, que sacó los suficientes escaños como para bloquear cualquier reforma sin con...
Reflexiones sobre la actualidad (Artículos del autor publicados en la prensa)