Los enfermos no necesitan la eutanasia, sino que les traten el dolor con cuidados paliativos, para bien morir junto a los suyos
La vida humana es frágil, especialmente en su principio y su final. En esos límites en torno al nacimiento y la muerte de una persona, a menudo se plantean decisiones difíciles y trascendentes. ¿Qué puede ayudar a acertar? Para orientarse en esos momentos, puede ayudar un principio "brújula": "Nadie es amo absoluto de la vida . No existe un derecho a disponer arbitrariamente de la propia vida . La medicina debe curar, y existen también las curas paliativas que van contra el dolor para que el enfermo no sufra”. Lo dice el obispo de Urgel y copríncipe de Andorra, Joan-Enric Vives, este mes en una carta pastoral, en la que recoge también lo que los enfermos y sus familias piden en esas situaciones difíciles. Necesitan "el tratamiento del dolor y el abordaje del sufrimiento, el control de efectos secundarios y colaterales, la mejora de la calidad de vida y de la autonomía del paciente, la ayuda a las familias en estas situaciones, el morir en compañía de...